James Hutton, el blasfemo que reveló que la verdad sobre la Tierra no estaba en la Biblia y nos dio el tiempo profundo

Torridon, en el noroeste de las Tierras Altas de Escocia, el paisaje más antiguo de Gran Bretaña.

Torridon, en el noroeste de las Tierras Altas de Escocia, es el paisaje más antiguo de Gran Bretaña. GETTY IMAGES

El paisaje de Escocia oculta en las montañas y valles la historia de nuestro planeta. Pero no fue sino hasta la década de 1750 que un hombre pudo leerla. Ensambló pruebas desconcertantes y descubrió las fuerzas que le dan forma a nuestro mundo.

Se llamaba James Hutton. Era divertido, obsceno y un poco rudo. Le encantaba el whisky, las mujeres y debatir nuevas ideas.

Y tuvo una idea revolucionaria que cambió la forma en que pensamos sobre el planeta e incluso la manera en que pensamos acerca de nosotros mismos.

Fue quien nos dio el concepto de tiempo profundo.

Comic de Graeme McNeeDerechos de autor de la imagen GRAEME MCNEE
Comic de Graeme McNeeDerechos de autor de la imagen GRAEME MCNEE

El hombre que inició esta revolución científica creció en la capital de Escocia, Edimburgo.

Cuando era joven James Hutton, las colinas alrededor de su ciudad natal le despertaron la curiosidad acerca de cómo se formó la Tierra.

En 1747, Hutton era un joven graduado de medicina con un interés inusualmente amplio en todo el mundo natural.

Al estudiar sus orígenes descubrió que la autoridad aceptada no venía de la ciencia sino de la teología.

El único texto de geología disponible era la Biblia.

En ese tiempo había ediciones que hasta daban la fecha exacta en la que Dios creó la Tierra y los mares: el sábado 22 de octubre del año 4004 a.C.

Hutton creía en Dios. Pero inusualmente para un hombre de esa época, no estaba comprometido con una interpretación literal de la Biblia. Él creía que Dios había creado un mundo que tenía un sistema de leyes naturales.

Cómic de Graeme McNeeDerechos de autor de la imagen GRAEME MCNEE

Los errores de la juventud

¿Te acuerdas que dijimos que era mujeriego?

Pues curiosamente eso tuvo que ver con el desarrollo de la entonces aún no establecida ciencia de la geología.

Su amante quedó embarazada y se desató un escándalo.

A ella se la llevaron a Londres a dar a luz. A él lo exiliaron de Edimburgo para limitar el daño a la reputación de su familia.

A la edad de 26 años, Hutton se vio obligado a hacer una nueva vida en una pequeña granja familiar en desuso en el sur de Escocia.

Pero en esa granja remota se desencadenaron sus brillantes ideas sobre el planeta.

Lo que el agua se llevó

Arrollo en finca de Hutton
El agua de la lluvia arrastraba tierra hasta los ríos que se la llevaban al mar constantemente. ¿Se iba a gastar el suelo?

Era un lugar sombrío, lluvioso y azotado por el viento que tuvo que convertir en una granja de trabajo rentable. Eso implicaba tener que cavar y limpiar las zanjas de drenaje constantemente.

Por esas zanjas, la lluvia se llevaba el precioso suelo de sus campos río abajo.

Esa incesante erosión de la tierra preocupó seriamente a Hutton pues pensó que si la tierra constantemente era arrastrada, eventualmente no habría nada para cultivar y, en última instancia, la gente moriría de hambre.

Parecía que Dios había hecho un mundo destinado a ser completamente estéril.

Pero eso no tenía sentido: Dios seguro había diseñado un planeta que pudiera reconstruirse.

La pregunta era: ¿cómo?

El gran sistema de la tierra

Hutton observó que las rocas tenían cientos de capas sutilmente distintas.

Rocas con capas
Las rocas expuestas al lado de los ríos tenían capas sutilmente distintas.

Comprendió que eran bandas de sedimentos que el agua había traído y depositado en diferentes momentos, año tras año, y que lentamente se compactaban para hacer la roca.

Recipiente de vidrio con tierra de diferentes colores.
Es como ir poniendo tierra de diferentes colores en un recipiente de vidrio: la tierra que la lluvia llevaba al río, se iba acumulando y compactando poco a poco… muy poco a poco.

Entendió que la creación y la destrucción de la tierra no son acontecimientos repentinos y dramáticos del pasado oscuro y bíblico, sino acciones lentas e imperceptibles que se suceden todo el tiempo.

La tierra era creada a partir de los escombros del pasado.

El ardiente núcleo

A la edad de 41 años, su tiempo en el exilio había terminado.

Regresó a la ciudad de su juventud. Era la época de la Ilustración escocesa. Edimburgo era la capital intelectual del mundo y Hutton la aprovechó al máximo.

Esta atmósfera abierta de convivencia era perfecta para airear su gran idea.

Cómic de Graeme McNeeDerechos de autor de la imagen GRAEME MCNEE
Cómic de Graeme McNeeDerechos de autor de la imagen GRAEME MCNEE

Hutton sabía que no todas las rocas tenían en capas de sedimento, así que debía haber otras maneras en las que se formaban.

Le faltaba un pedazo grande del rompecabezas y lo encontró gracias a otra gran mente de la Ilustración escocesa: su amigo James Watt.

Era un consumado inventor, famoso por hacer que los motores de vapor que impulsaron la Revolución Industrial fueran más eficientes.

Hutton, fascinado por los artefactos a vapor de Watt, empezó a preguntarse si el calor alimentaba el planeta.

Quizás el centro de la Tierra contenía un poderoso motor térmico.

Los científicos en el siglo XVIII habían visto volcanes activos, pero pensaban que eran fenómenos aislados.

Hutton fue la primera persona en imaginar que el centro de la Tierra era una bola ardiente y que los volcanes eran respiraderos de ese horno gigante de las profundidades.

Dibujo del núcleo de la TierraDerechos de autor de la imagen ISTOCK
Image captionLa intuición y la deducción lo llevaron a imaginar algo que no tenía manera de ver… y estaba en lo correcto.

Ese horno tenía el poder de crear nuevas rocas que nacían fundidas.

Hora de la verdad

Hutton había revelado dos maneras fundamentales de crear tierra.

  1. La roca sedimentaria podía formarse cuando el tiempo – lluvia, heladas y viento – erosionaba el suelo. Los ríos llevaban el sedimento a los océanos y éste se comprimía y formaba una nueva roca.
  2. Un núcleo caliente en el centro de la Tierra creaba roca fundida que se enfriaba.

Además, tenía una visión clara de que la Tierra se destruía y se reparaba en un ciclo sin fin.

Era una teoría grande, coherente e impresionante. Sus amigos lo persuadieron de hacerla pública y en 1785 la presentó en la Academia Real de Edimburgo.

James HuttonDerechos de autor de la imagen GETTY IMAGES
Image captionSu teoría cuestionaba todo lo que se creía saber sobre el planeta.

Hutton era muy mal orador, estaba increíblemente nervioso y lo que iba a decir era realmente polémico: sus ideas iban en contra de toda la ortodoxia religiosa de la época.

Le fue terrible. Los caballeros de la Sociedad Real rechazaron su teoría y fue acusado de ser ateo.

No se meta con el granito

Uno de los mayores problemas fue el granito, lo que suena raro. Pero la creencia dominante era que el granito había sido la primera parte de la Tierra que Dios creó.

Granito en paisaje británicoDerechos de autor de la imagen GETTY IMAGES
Image captionMeterse con el granito en esa época era cosa seria.

Nada podría ser más sólido que la primera piedra del Señor.

Pero Hutton afirmaba que esa cosa dura que parecía tan antigua e inmutable era en realidad un gran ejemplo de una roca joven que alguna vez había sido casi líquida.

Estaba desafiando toda la visión bíblica de la creación. Hace 220 años, eso era herejía.

Hutton necesitaba encontrar evidencias.

A la edad de 60 años, cuando debería haber estado en casa con su pipa y sus zapatillas, se fue a buscarla.

Granito inyectado

Hutton eligió explorar Glen Tilt porque dos de los grandes ríos de Escocia se encuentran aquí.

El río Dee corre sobre un lecho rocoso de granito rosa. El río Tay tiene un lecho rocoso de arenisca gris.

Hutton esperaba que ahí, donde los ríos se encontraban, se encontrarían también el granito y la piedra arenisca.

Y así fue: encontró rocas estratificadas grises con granito rosa inyectado.

Granito con roca gris
Estas son las rocas que encontró: se ve claramente cómo el granito rosado se filtró por las grietas de la roca gris. Para que eso pudiera suceder, el granito debía haber estado casi líquido cuando se encontraron.
detalle de granito en roca gris
Si el granito había estado fundido, debía haber una fuente de calor potente en el centro de la Tierra, dedujo Hutton.

Eso demostraba que el granito había estado fundido cuando se encontró con las rocas grises, lo que a su vez era la prueba de que había un motor de calor gigante en acción.

Además, mostraba que la Tierra no había permanecido sin cambios desde la creación, como decía la Biblia.

Con sus observaciones en Escocia, James Hutton había probado gran parte de su teoría de la Tierra como un sistema.

Pero aún no estaba satisfecho: quería saber si la Tierra tenía miles de años, como decía la Biblia, o era mucho, mucho más antigua.

La edad del planeta

En 1788, Hutton se dirigió al punto de Siccar en la costa de Berwickshire.

Lo que lo intrigaba eran los diferentes ángulos de las rocas a lo largo de los acantilados.

Había visto capas verticales a lo largo de parte de la costa pero sabía que más al norte, el ángulo cambiaba completamente y las capas eran horizontales.

Siccar PointDerechos de autor de la imagen DAVE SOUZA
Image captionLas rocas de Siccar Point están en distintos ángulos. Parte de la razón es el movimiento de las placas tectónicas. Hutton no tenía forma de saber eso, pero ello no impidió que entendiera qué estaba viendo.

La curiosidad de Hutton le hizo mirar más de cerca y entendió que estaba viendo el nacimiento y la muerte de mundos enteros.

En las capas horizontales y verticales de la roca, vio ciclos geológicos apilados unos encima de otros.

Cómic de Graeme McNeeDerechos de autor de la imagen GRAEME MCNEE

No sabía exactamente qué causó esa formación pero su brillante intuición le permitió deducir que involucraba procesos graduales que sucedían no en el tiempo bíblico, sino en el tiempo profundo, extendiéndose inmensamente.

Tenía razón. Hoy sabemos que la roca gris que examinó tiene alrededor de 425 millones de años y la roja, unos 345 millones de años. La brecha entre los dos es de 80 millones de años.

Y ese es el legado más importante de Hutton: la apreciación del tiempo profundo, el cronograma de un planeta.

Cómic de Graeme McNeeDerechos de autor de la imagen GRAEME MCNEE

Su frase fue: “No hay vestigio de un principio, ni perspectiva de un fin“.

En otras palabras, una intemporalidad en la que pequeños cambios graduales pueden lograr casi cualquier cosa.

Su reconocimiento del tiempo profundo fue un avance extraordinario, tan significativo como la teoría de la evolución de Darwin o la teoría de la relatividad de Einstein.

James Hutton vio lo que nadie más había visto antes. Fue el primero en captar la verdadera y vasta edad de la Tierra.

Fue ese descubrimiento más que ningún otro lo que permitió reconstruir la compleja historia de la vida de nuestro planeta.

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El cómic sobre el tiempo profundo aparece en este artículo por cortesía de su autor Graeme McNee, (graememcnee.com) y del Festival Internacional de Edimburgo (eif.co.uk). El texto está basado en la serie de la BBC “The men of rock

 

Alexander von Humboldt, la ciencia al completo

Pensador de extraordinaria amplitud, fue el primero en considerar la naturaleza en su conjunto. Una biografía rescata del olvido al geólogo, ecólogo y aventurero alemán

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Detalle del ‘Naturgemälde’ de Humboldt.
    La ciudad de Jena, con sus 4.000 habitantes y sus rebaños de ovejas cruzando las calles empedradas, vio perturbado su sosiego académico y pastoril en los últimos días de diciembre de 1794. Un grupo estridente encabezado por Schiller, Goethe y un jovencísimo científico que empezaba a andar en boca de todo el mundo, Alexander von Hum­boldt, habían adoptado la costumbre de reunirse a diario en la casa del primero, en la plaza del mercado, para discutir de ciencia con calor y estrépito, pasión y risotada hasta bien entrada la noche. Conocer al científico ejerció un poderoso estímulo sobre un Goethe cuarentón, algo barrigudo y melancólico, hasta el extremo de que Humboldt pudo bien ser la inspiración de su

Fausto.

Humboldt, que llegaría a ser el naturalista más renombrado de su tiempo, es hoy una figura arrinconada en la historia de la ciencia. Es paradójico, porque resulta muy difícil visitar alguna parte del mundo donde su apellido no haya bautizado algún lugar o algún fenómeno natural: la corriente de Humboldt junto a la costa de Chile y Perú, sierra Humboldt en México, pico Humboldt en Venezuela, el río Humboldt en Brasil, la bahía Humboldt en Colombia, el glaciar Humboldt en Groenlandia, montañas en China, Sudáfrica, Nueva Zelanda y la Antártida, cataratas en Tasmania y Nueva Zelanda, cientos de plantas y animales y hasta una de las manchas de la Luna, el mar de Humboldt. Pero eso son solo nombres, ¿verdad? Y el caso es que el de Humboldt no aparecería hoy en ninguna lista de los 10 o 20 grandes investigadores que han transformado el mundo.

La autora ha compuesto una narración admirable, tan preñada de entendimiento como de información novedosa

Esa es la injusticia que intenta reparar Andrea Wulf, escritora y profesora en el Royal College of Art londinense, con su obra monumental La invención de la naturaleza. El nuevo mundo de Alexander von Humboldt, que llega a las librerías el jueves. El libro asombra por dos razones. La primera es su exhaustiva investigación sobre el autor, que no solo la ha llevado a rebuscar por bibliotecas y archivos de medio mundo, sino también a seguir los pasos del naturalista alemán, a revivir en primera persona sus andanzas, escaladas y aventuras de descubrimiento. Y la segunda es que, tal vez como consecuencia de lo anterior, la autora ha compuesto una narración admirable, tan preñada de entendimiento como de información novedosa, tan plena de emoción vital como de conocimiento profundo. La intención de Wulf era revivir a Humboldt, y lo mejor que se puede decir de su libro es que lo ha conseguido.

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Cuadro de Goethe dedicado a Humboldt.

Con independencia de sus grandes y variados logros científicos, la vida de Alexander von Humboldt (Berlín, 1769-1859) es de las que merecen contarse, qué duda cabe. Naturalista, aventurero y hasta guapetón —si hemos de dar crédito al retrato que le hizo Weitsch a los 36 años—, Humboldt fue el gran geólogo y ecólogo de la primera mitad del siglo XIX, y seguramente el científico más conocido de su época.

Hijo de un oficial de Federico el Grande y de una hugonote que había salido pitando de la Francia de Luis XIV, y que lo crio con rigidez calvinista, mal estudiante de niño, menos interesado en la literatura y la ciencia que en alistarse en el Ejército para librar lejanas batallas, tuvo que hacer un curso de ingeniería para enamorarse de la botánica, y después de toda la ciencia. Educado por destacados intelectuales de la Ilustración, tuvo ocasión de conocer —y de asombrar— a los pensadores, estadistas y científicos más destacados de su tiempo.

Los mapas de California, México y el sur de EE UU no eran correctos hasta que el aventurero los rehízo, para deleite de Jefferson

Goethe y Schiller fueron solo los primeros de un censo prodigioso que incluye a Thomas Jefferson, el tercer presidente de Estados Unidos, y el segundo por la izquierda en el conjunto escultórico del monte Rushmore; también a Simón Bolívar y Charles Darwin, a Henry David Thoreau, a George Perkins Marsh y Ernst Haeckel, en un abanico de personajes que le sirven a Wulf para exponer las ideas más destacadas de aquella época apasionante.

Y su influencia sobre otros pensadores y científicos posteriores fue aún mayor, y en parte pervive hasta nuestros días. Inventó las isotermas y las iso­baras, esas líneas que unen los puntos de igual temperatura o presión que nos enseña la mujer del tiempo en la tele; descubrió el ecuador magnético de la Tierra; percibió la profunda semejanza que muestra la vegetación en todos los lugares del planeta cuando las condiciones ambientales son similares; al lector le bastará subir al Teide, como hizo Humboldt con ese y otros volcanes gigantescos, para contemplar todos los paisajes que ha visto en su vida en la Europa continental, por ejemplo.

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Dibujo realizado por Humboldt del volcán Jorullo (México).

Por encima de todo, Humboldt fue el primer científico que consideró la naturaleza en su conjunto. Aplicó el método newtoniano del pensamiento en dos tiempos —análisis y síntesis— al mundo biológico. El científico berlinés era todo lo contrario de un pensador de sillón: desde pequeño estaba obsesionado con el viaje y la aventura, y había heredado de sus profesores ilustrados una pasión por las mediciones precisas; embarcaba con 40 aparatos de medición muy avanzados para su época, y ni el desfiladero más angosto junto a un abismo le disuadía de medir la presión y la temperatura, la altitud y el azul del cielo.

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Manuscrito azteca adquirido por Humboldt.
 Pero todo ese lujo de detalle no era para él más que la primera parte, la que Newton llamó análisis en un contexto muy distinto. La segunda parte era la síntesis, y el gran observador se convertía ahí en un no menos grande pensador de extraordinaria amplitud. Esta capacidad suya para considerar la naturaleza en su conjunto asombró por igual a Goethe y a Darwin. Humboldt fue el primer científico que abarcó la biología como un todo, como una red de relaciones que regía el comportamiento de cada parte y que comprendía los espacios y los tiempos. La hipótesis de Gaia que ha formulado en nuestro tiempo James Lovelock, y que tiende a considerar la Tierra, o al menos la biosfera, como una especie de organismo vivo, es heredera del espíritu visionario de Humboldt.
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La invención de la naturaleza. Andrea Wulf. Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia. Taurus. Madrid, 2016 578 páginas.

De todos su viajes, el primero y más importante fue seguramente la exploración de lo que hoy llamamos Latino­américa, y en particular de Venezuela. De forma inesperada, el presidente del Gobierno español en la época, Mariano de Urquijo, le facilitó un pasaporte para explorar sus colonias americanas, algo que hasta entonces había sido un privilegio exclusivo de los militares españoles y de la misión católica romana. Esta cerrazón al mundo era, precisamente, lo que hacía del sur y el centro de América un territorio de enorme interés para un investigador. Ni siquiera los mapas de México, California y el sur de Estados Unidos eran correctos hasta que el aventurero alemán los rehízo, para deleite de Jefferson, que tenía un enorme interés en anexionar esos territorios a la emergente Unión. En una cosa discrepaba el alemán del presidente: en su rechazo al esclavismo, cuya abolición tendría que esperar a Lincoln, la cuarta cabeza de Rushmore.

Dedicó sus últimos años a escribir Cosmos, su libro más popular y un hito de la divulgación científica. Y, por una de esas bromas del calendario, murió justo el año en que Darwin publicó El origen de las especies, libro que fundó la biología moderna y explicó, al fin, la razón última de la unidad de la naturaleza que obsesionaba a Humboldt: toda la vida tiene un origen común.

Lean a Wulf, ha escrito un libro maravilloso.

Fuente: http://cultura.elpais.com/cultura/2016/09/09/babelia/1473420066_993651.html

Harry Hess. Expansión del fondo oceánico

Harry Hammond Hess

Harry Hammond Hess
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Nacimiento 24 de mayo 1906
Fallecimiento 25 de agosto 1969
Nacionalidad estadounidense
Campo geología
Alma máter Universidad de Princeton

Harry Hammond Hess (24 de mayo de 1906 – 25 de agosto de 1969) fue un geólogo y oficial de la Marina de Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial.

Es considerado uno de los “padres fundadores” de la teoría unificada de la tectónica de placas. Es especialmente conocido por sus teorías sobre la expansión del fondo oceánico, específicamente por sus trabajos sobre las relaciones entre los arcos insulares, las anomalías gravitacionales del fondo marino, y la peridotita serpentinizada, y la sugerencia que la convección del manto terrestre era la fuerza impulsora de este proceso. Este trabajo proveyó la base conceptual para el desarrollo de la teoría de la tectónica de placas. El precursor de esta teoría fue Alfred Wegener, pero la fundamenta Harry Hess.

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A principios de los años sesenta, Harry Hess, de la Universidad de Princeton, incorporó estos hechos recién des­ cubiertos a una hipótesis que más tarde se denominaría expansión del fondo oceánico. En el artículo, ahora clá­-sico, de Hess, proponía que las dorsales oceánicas estaban localizadas sobre zonas de ascenso convectivo en el man­to (Figura 1.–). A medida que el material que asciende desde el manto se expande lateralmente, el suelo oceáni-co es transportado de una manera parecida a como se mueve una cinta transportadora alejándose de la cresta de la dorsal. En estos puntos, las fuerzas tensionales fracturan la corteza y proporcionan vías de intrusión magmáti-ca para generar nuevos fragmentos de corteza oceánica.
Por tanto, a medida que el suelo oceánico se aleja de la cresta de la dorsal, es sustituido por nueva corteza. Hess propuso, además, que la rama descendente de una corriente de convección en el manto tiene lugar en los adre-dedores de las fosas submarinas. Hess sugirió que éstas son sitios donde la corteza oceánica es empujada de nue­vo hacia el interior de la Tierra. Como consecuencia, las porciones antiguas del suelo oceánico se van consumien­ do de manera gradual a medida que descienden hacia el manto. Como resumió un investigador, «¡no sorprende que el suelo oceánico sea joven, está siendo renovado constantemente!».
Una de las ideas centrales de Hess era que «la co­rriente convectiva del manto provocaba el movimiento de la capa externa de toda la Tierra». Así, a diferencia de la hipótesis de Wegener de que los continentes se abrían paso por el suelo oceánico, Hess propuso que la parte ho­rizontal de la corriente convectiva del manto transporta­ba de una manera pasiva los continentes. Además, en la propuesta de Hess se explicaba la juventud del fondo oceá­nico y la delgadez de los sedimentos. Pese a su atracción lógica, la expansión del fondo oceánico continuó siendo un tema muy controvertido durante algunos años.

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Un Trabajo en formato pdf, explica con más detalle este evento.
TECTÓNICA DE PLACAS

Material de Wikipedia y de fuentes públicas de internet.

Deriva continental, Alfred Wegener.

La deriva continental es el desplazamiento de las masas continentales unas respecto a otras. Esta hipótesis fue desarrollada en 1912 por el alemán Alfred Wegener a partir de diversas observaciones empíricas, pero no fue hasta los años 1960, con el desarrollo de la tectónica de placas, cuando pudo explicarse de manera adecuado el movimiento de los continentes.
La teoría de la deriva continental fue propuesta originalmente por Alfred Wegener en 1912, quien la formuló basándose, entre otras cosas, en la manera en que parecen encajar las formas de los continentes a cada lado del Océano Atlántico, como África y Sudamérica (de lo que ya se habían percatado anteriormente Benjamin Franklin y otros). También tuvo en cuenta el parecido de la fauna fósil de los continentes septentrionales y ciertas formaciones geológicas. Más en general, Wegener conjeturó que el conjunto de los continentes actuales estuvieron unidos en el pasado remoto de la Tierra, formando un supercontinente, denominado Pangea. Este planteamiento fue inicialmente descartado por la mayoría de sus compañeros, ya que su teoría carecía de un mecanismo para explicar la deriva de los continentes. En su tesis original, propuso que los continentes se desplazaban sobre el manto de la Tierra de la misma forma en que uno desplaza una alfombra sobre el piso de una habitación. Sin embargo, la enorme fuerza de fricción implicada, motivó el rechazo de la explicación de Wegener, y la puesta en suspenso, como hipótesis interesante pero no probada, de la idea del desplazamiento continental. En síntesis, la deriva continental es el desplazamiento lento y continuo de las masas continentales.

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La teoría en la actualidad.
La teoría de la deriva continental, junto con la de la expansión del fondo oceánico, quedaron incluidas en la teoría de las placas tectónicas, nacida en los años 1960 a partir de investigaciones de Robert Dietz, Bruce Heezen, Harry Hess, Maurice Edwing, Tuzo Wilson y otros. Según esta teoría, el fenómeno del desplazamiento sucede desde hace miles de millones de años gracias a la convección global en el manto, de la que depende que la litosfera sea reconfigurada y desplazada permanentemente.
Se trata en este caso de una explicación consistente, en términos físicos, que aunque difiere radicalmente acerca del mecanismo del desplazamiento continental, es igualmente una teoría movilista, que permitió superar las viejas interpretaciones fijistas de la orogénesis (geosinclinal y contraccionismo) y de la formación de los continentes y océanos. Por esto, Wegener es considerado, con toda justicia, su precursor y por el mismo motivo ambas teorías son erróneamente consideradas una sola con mucha frecuencia.
Fuente: https://es.wikipedia.org/wiki/Alfred_Wegener
Descargar la teoria de Wegener en pdf
La teoria de Wegener